Domar no es domesticar

Es bien conocido que el mundo del circo habla de los lazos afectivos que se crean entre los humanos y los animales nacidos en los circos, que llegan a considerarse (personas y animales) como miembros de una misma familia.

tigre_americano_2003

Este argumento nos resulta curioso, puesto que muchas veces es el utilizado para atacar a los defensores de los derechos de los animales: el de atribuir cualidades humanas a los animales.

No obstante, la ciencia dice lo contrario en cuanto a estos supuestos ‘lazos familiares’.

Los animales salvajes, aún habiendo nacido en cautividad, poseen sus características genéticas, morfológicas, fisiológicas y de comportamiento que hace que sufran al igual que sus congéneres nacidos libres, dado que todavía no han experimentado un proceso de selección de características concretas por el ser humano ni una cambio evolutivo que les permita adaptarse al nuevo medio ambiente en cautividad.

A continuación adjuntamos un extracto del informe elaborado por Jose Enrique Zaldívar, veterinario colegiado por el Ilustre Colegio de Veterinarios de Madrid (España) y presidente de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal):

Son numerosos los investigadores y científicos que han elaborado informes sobre el tema que estamos tratando y que se refieren al término domesticación, que es el conjunto de acciones llevadas a cabo por el ser humano, que han conducido a que un animal pueda ser considerado como doméstico.

Domesticación:
“Es el proceso por el cual una población de una determinada especie, adquiere o desarrolla ciertos caracteres morfológicos, fisiológicos o de comportamiento, los cuales son heredables y, además, son el resultado de una interacción prolongada y de una selección deliberada por parte del ser humano. Su finalidad es obtener determinados beneficios de dichas modificaciones”.

También es muy interesante la definición que da el veterinario español, profesor de la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona) y especialista en Etología, Xavier Manteca:
“La domesticación es un proceso de adaptación de una población de animales o plantas a las condiciones ambientales creadas por el ser humano. Dicho proceso incluye dos tipos de cambios: genéticos, que se transmiten de padres a hijos, y cambios inducidos por el ambiente, que se repiten de generación en generación. El hecho de que la domesticación sea un proceso de adaptación, significa que los animales domésticos sobreviven mejor en las condiciones ambientales creadas por el ser humano que sus antepasados salvajes. La domesticación implica al menos un cierto control sobre la reproducción de los animales por parte de los seres humanos”.

Price (1984) define la domesticación como un proceso mediante el cual una población de animales se adapta al hombre y a una situación de cautividad a través de una serie de modificaciones genéticas que suceden en el curso de generaciones y a través de una serie de procesos de adaptación producidos por el ambiente y repetidos durante generaciones.

Se trata por tanto de un proceso que hace necesarios largos periodos de tiempo y el paso de numerosas generaciones para que estos cambios se fijen genéticamente, sean modificaciones en el comportamiento, en la morfología, fisiología o embriología del ser vivo.

Es importante matizar que no es lo mismo “domar” que “domesticar”. “Domar” es amansar y hacer dócil a un animal mediante ejercicios y enseñanzas, sean éstos silvestres o domésticos. Podemos conseguir que un león pase por aros de fuego en los circos, que un perro baile al son de una determinada música, que un elefante juegue con una pelota, o que un caballo haga un recorrido en una competición de obstáculos. Esto es domar, pero no domesticar.

El término doméstico hace referencia a animales, que, por selección directa del ser humano, adquieren características genéticas, morfológicas, fisiológicas y de comportamiento. La doma se hace sobre individuos, la domesticación involucra poblaciones enteras.

Un animal “amansado” no es doméstico. Por ejemplo, los elefantes, que son usados como animales de carga, o en circos, y que son capturados y amansados por el hombre. La excepción sería que el amansamiento tienda progresivamente a la domesticación, si el animal capturado, siendo originariamente salvaje, se reproduce en cautividad y es seleccionado por unas cualidades determinadas.

En conclusión, el término “doméstico” es tan rotundo que su naturaleza no permite la posibilidad de perder esta condición por el transcurso del tiempo. La condición de doméstico califica definitivamente al animal desde su nacimiento; se es o no se es “animal doméstico”.

Podemos decir que no hay situaciones intermedias entre especies domésticas y salvajes.